MÁS APUNTES SOBRE UNA POSIBLE ESTÉTICA DE LA DESAPARICIÓN: HASTA LA DESAPARICIÓN RADICAL Y MÁS ALLÁ

FERRAN DESTEMPLE


 

Si insistimos en la propuesta de un posible catálogo de artistas que han trabajado en las cercanías de una estética de la desaparición, uno de los que invariablemente ocuparía un lugar de honor sería el músico de origen armenio Aram Slobodian.

No está clara la fecha de su nacimiento, pero se cree que pudo ser el año 1918 o 1919 en Yereban, Armenia en pleno genocidio por parte de los Jóvenes Turcos, gobernantes del imperio Otomano. Debido a ello su familia se exilia y se traslada a la ciudad italiana de Trieste. En 1938 se matricula, por un único año, en el conservatorio de la ciudad. El año siguiente abandona Italia debido a la creciente crispación política y se establece en Zurich, donde reside hasta 1946. En esta ciudad entra en contacto con el músico suizo Conrad Beck y se casa con su hija para trasladarse posteriormente a París. En una fecha sin concretar se traslada a Nueva York donde se nacionaliza estadounidense. Hay documentos que acreditan su estancia en el año 1963 en España, concretamente en Cuenca en el Gabinete de Música Electroacústica. Muere en extrañas circunstancias el año siguiente mientras hacía un trayecto en barco por de las islas Bahamas.

 

Slobodian, después de componer, dirigir y grabar sus composiciones, se preguntaba cómo podía manipular su propia música, cómo podía tratarla como si fuera materia y estuviera sometida a las leyes de la física, cómo podía transformar ese objeto sonoro que había creado en una expresión fiel a su tiempo. Observó entonces que podía convertir su música en velocidad, que el sonido grabado se podía acelerar casi infinitamente y convertirse de esa forma en un reflejo, en un signo de su tiempo. Consecuente con sus ideas, Aram se dedicó a regrabar sus composiciones una y otra vez con diversos magnetófonos acelerando progresivamente sus sonidos hasta hacer que la música se volviera irreconocible. De esta forma sus composiciones se fueron diluyendo en la velocidad, hasta casi su total desaparición quedando únicamente la compresión de esos sonidos … un breve suspiro de lo acontecido.

Ese breve suspiro de tiempo expuesto por el compositor armenio ejemplifica a la perfección lo que ha sido la modernidad: una aceleración continua del tiempo hasta su implosión. Sin embargo, con el advenimiento de la posmodernidad y el cinismo que conlleva, el acto de la desaparición se ha ido haciendo más y más difícil hasta convertirse realmente en un simulacro. Pongamos un claro ejemplo: Michael Landy, un “joven artista británico” que en el año 2001 realizó Break Down”, una performance que consistió en destruir todas y cada una de sus posesiones. El artista alquiló una tienda de ropa de la cadena C&A en Oxford Street que había cerrado recientemente y catalogó todos sus bienes, en total unos 7.227 objetos, que destruyó públicamente con la ayuda de diez obreros y una cadena, en este caso, de desmontaje. Entre esos siete mil y pico objetos se encontraban también su ropa y efectos personales (cartas, postales, regalos), sus discos y libros más preciados e incluso su vehículo particular.

Este acto de desaparición, de nihilismo extremo contiene, sin embargo, una paradoja típica de nuestro tiempo, ya que, aunque esta obra sumió al artista británico en la pobreza también le proporcionó una buena dosis de publicidad que lo situó en la punta del iceberg de la crítica de arte y consiguió, en lugar de una supuesta desaparición, una clara y nítida visibilidad.

Pero volvamos al asunto de la desaparición (a la desaparición entendida como programa estético radical y no como simulación), y volvamos pues a nuestro músico armenio Aram Slobodian. De su escaso y poco conocido repertorio, dos son sus obras fundamentales que tratan el tiempo como objeto y materia, donde el tiempo es el proceso y el resultado, donde la desaparición física de la música es la consecuencia de la aceleración y la implosión temporal:

La primera es “La femme à barbe”, una pieza de unas tres horas y media para soprano “barbuda”, septeto de cuerda, pianola y percusión que se grabó bajo la supervisión del músico francés Pierre Henry en cinta magnetofónica y que se fue copiando sucesivamente hasta veinticinco veces resultando una pieza casi inaudible. Hay que tener en cuenta también la importancia de la puesta en escena ya que en su estreno en 1958 los intérpretes figuraban tocar en playback mientras sonaba la cinta magnetoscópica de la obra musical.

La segunda se denominó “The sound of Speed” y fue presentada en Chicago y en Nueva York en el año 1963. Es una suite para solo de clarinete cuya duración original es de cuatro horas y que fue comprimida hasta los treinta y seis segundos. Después de unas acusaciones por parte de Pierre Boulez tachándola de burguesa, Slobodjan volvió a trabajar en ella hasta reducirla a los 34 segundos de los que consta actualmente. El crítico Rubén Gutiérrez del Castillo comenta a propósito de este trabajo, que “el tiempo deja de importar y que su objetivo final no sería otro que el de abolir las propias leyes de la física humana”.

En esta supuesta estética de la desaparición el aspecto físico, material del propio arte, de su peso, de su volumen, de su duración es un factor primordial y fundacional. Estos artistas de la desaparición pretenden reducir el aspecto sustancial del arte a su mínima expresión, a su elemento nuclear; tensar el arte hasta el límite para cuestionar así los límites del arte planteándonos la siguiente cuestión: ¿Cuándo una obra de arte dejar de serlo para diluirse en la nada?


Nota de Eduardo Polonio:

Entrevistador: ¿Tu sabes algo de Aram Slobodian?

Eduardo Polonio: Absolutamente nada, porque no existe, ja ja. Es un fake, ideamos un disco de homenaje a su música totalmente inventado y todos hemos seguido la broma, por llamarlo de alguna manera.

Entrevistador: Ja ja, pues yo me lo había tragado, ¿y de quién proviene la idea?

Eduardo Polonio: Esto lo promovió el director de Ars Sonora, Miguel Fernández, con un grupo de gente diversa. Dieron unas músicas que no sé realmente muy bien de dónde sacaron e iban dando pistas sobre la misma. En el fondo no tenían ningún fundamento, como por ejemplo que había trabajado en el Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca, cuando por las fechas que daban no coincidía en absoluto … Hay un CD editado, con foto y todo. A mí me encantan este tipo de juegos.

 

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