LOS MANUSCRITOS SECRETOS DEL DR GUILLERMO CORONILLA

“Estudio de demótica no ritual.

Análisis exhaustivo de paradigmas de escritura furtiva

interceptados fuera de su circulación habitual”.

En Autoediciones Galimatías no hemos podido reprimir la tentación de publicar estos manuscritos insólitos del no menos enigmático Dr. Guillermo Coronilla, que a lo largo de veinte años se dedicó a recopilar papeles escritos y a analizarlos según sus propias peculiaridades, con la ayuda de lo que parece ser un grupo de amigos o aficionados con los que compartía la pasión por el coleccionismo y la investigación sociológica.

Fallecido el 24 de Abril de 2001, el señor Coronilla era un farmacéutico de la calle Poeta Cabanyes de barrio barcelonés del Poble Sec; soltero y, según hemos podido comprobar, sin familia próxima, a excepción de una prima lejana en su ciudad natal, Burgos, que nada sabe de él desde que tenían los dos alrededor de dieciséis años, edad en la que el señor Coronilla se trasladó a Barcelona para terminar los estudios e ingresar en la facultad de Medicina. La rutinaria vida laboral y una posible falta de estímulos debido a su solitaria existencia (vivía justo encima de la farmacia, así que al principio apenas salía del barrio) le llevaron a iniciar, a principios de los años ochenta, una extravagante labor de búsqueda de papelillos escritos y abandonados en la calle que él recogía, archivaba en fundas de plástico y almacenaba en carpetas. Esta nueva afición despertó en él una devoción tal que empezó, según los vecinos, a pasar largas horas nocturnas deambulando por la ciudad en busca de cualquier cosa que pudiera encontrar en el suelo y que le despertara la curiosidad. A mediados de los años noventa empezó a recibir visitas de hombres de mediana edad y de aspecto igual de taciturno con los que pasaba las tardes de domingo, lo que motivó la sorpresa del vecindario, pues a Guillermo Coronilla se le tenía por un hombre arisco y poco dado a la conversación (siempre que un cliente le pedía consejo se limitaba a decirle que visitara al médico). “Deben jugar a cartas” decían los vecinos, y se olvidaron del asunto.

A la muerte del señor Coronilla, el casero, tras cuatro semanas prudenciales en las que nadie reclamó nada, recogió sus pertenencias y las dejó en la calle al lado de un contenedor. En menos de tres horas, según el testimonio del portero, toda la ropa, los enseres, una bicicleta fija y la colección de enciclopedias habían desaparecido como por arte de magia, gracias a la “codicia de la gente” que un vecino se apresuró a denunciar, no sin antes echarle un ojo a un Larousse de bolsillo. En efecto, no quedó ni rastro de todo aquello que acompañó al señor Coronilla en su paso por esta vida, a excepción de estos manuscritos que aguardaron, al abrigo del desinterés general, al feliz encuentro con un colaborador de nuestra editorial, que diría nuestro amigo con su pomposidad (o floripondia, que añadiría alguno de sus acólitos).

Qué ironía, que un trabajo pionero en el campo del “Estudio de demótica no ritual: textos de escritura furtiva de interés sociológico e interceptados fuera de su circulación habitual” acabara precisamente en el suelo, entre bolsas de basura, y fuera encontrado, eso sí, de manera no ritual, por alguien totalmente ajeno.

PARADIGMA Nº1

Anverso

Reverso

Aquí nos encontramos con un paradigma cuya principal característica es la relación entre anverso y reverso. Llamaremos anverso a la carta que, tal y como se puede deducir de su lectura, está escrita por una chica y dirigida a su abuelo; entendiendo como el reverso la lista de direcciones y teléfonos que nuestros especialistas, tras una breve investigación, han afirmado que pertenecen nada menos que a diferentes establecimientos de relax, bares de alterne y saunas de la ciudad de Barcelona.

Si sopesamos la evidencia de que una carta confidencial de una chica a su abuelo y una lista de lupanares barceloneses comparten un mismo papel, salta a la vista su irremediable incompatibilidad. Lo que nos lleva a suponer:

Variante 1. Anverso y reverso pertenecen a la misma persona.

La chica utilizó este papel como borrador y luego, a falta de un soporte mejor, apuntó la dirección de unos cuantos burdeles para:

Variable 1.1. Establecer una relación lésbica.

Variable 1.2. Pedir trabajo.

Variante 2. Anverso y reverso pertenecen a dos personas distintas.

Variable 2.1. El reverso pertenece al abuelo, el cual recibió este mismo papel de parte de su nieta y, a falta de un soporte mejor, apuntó la dirección de unos cuantos burdeles donde refugiarse de los compromisos familiares en una breve visita a la ciudad condal.

Variable 2.2. El autor del reverso es ajeno al binomio abuelo-nieta.

Una mirada más atenta a ambas caligrafías nos revelará importantes datos para la resolución del problema. En el reverso, la sección superior izquierda, de letra pequeña y apelotonada, parece diferente respecto a la restante, más grande y rápida, si bien queda claro que ambas tienen un gran parecido con la del texto 1. Compárese en este sentido la “p” de la palabra “Ampliación”, la “g” de “Urge”, o la “j” de “Pasaje” con cualquiera del texto del anverso. Son exactas.

Reverso                                           Anverso

Reverso                                           Anverso

                 

Lo que nos llevaría a elegir la variante 1 como definitiva. Pero, en el reverso, ¿realmente son tan diferentes las caligrafías? En absoluto. Hay un momento de transición entre las dos secciones caligráficas: el que va de “Sauna 4483350” a “Arisala 74(?)5 Vadel” mediante una flecha.

Si entendemos que ambas líneas pertenecen a la misma persona, no nos costará tanto creer que las dos secciones del reverso también, pues imaginamos que la autora escribe de una manera cuando tiene prisa y de otra cuando no. Detengámonos en los números de ambas líneas; en la línea “Arisala…”, el “4” tiene la misma forma que el de, por ejemplo, los “4549432” o el “2379104” del texto apretado.

Lo mismo ocurre con el “5”, compárese sino con el último del “4537625” que acompaña al “¿T.H.L.?”.

También nos encontramos con coincidencias si comparamos el “2” de “P.Gracia 123 Bali” o el “8” de “Gran Via 578” del texto 2, con los de la sección inferior.

Si la chica es la autora de los dos textos, queda por saber cuál de las dos variables de la variante 1 es la correcta. En el texto 1 leemos que en la actualidad, la chica está “viviendo con dos amigo(a)s del trabajo” (es casi imposible concretar si son amigos o amigas, debido a la deficiente caligrafía); y si son del trabajo, ¿serán entonces compañeras de prostíbulo? El problema nos llevaría a preguntarnos cuál de los dos textos fue escrito primero, lo que es imposible de constatar. No obstante ¿sería probable la variable 1. 2? A juzgar por el desencanto que la anterior relación ha supuesto para la autora, no es una opción descabellada, aunque tal profusión de direcciones es más propia de quien no está seguro de encontrar inmediatamente lo que busca, es decir trabajo, pues en cualquiera de estas casas encontraría a más de una chica dispuesta a ofrecérsele por dinero, y tan pronto como asomara por la puerta.

Como dijera el profesor Ramón Sergas:

“La concomitancia fatal entre un profesado deseo de expansión, expresado con cálidas palabras a alguien tan querido como un abuelo y los recuerdos que a él se adscriben, y la urgente y contundente búsqueda de un modo de supervivencia tan vergonzoso (es decir, de un modo de expiación), se deben en realidad a una misma situación primordial de abandono afectivo y desequilibrio moral común que, de esta forma, actúa en espiral, y siempre desde la más ínfima dimensión, hasta convertirse en una trascendental cadena de sucesos, construida a partir de errores, cada vez peores. Como si dobláramos un papel por una de sus esquinas, y a su vez, las dos esquinas creadas por el primer pliegue. La Lolita se cree dueña de sus actos, sin reparar que éstos la ciñen cada vez más a un marco de dependencia a la lógica legitimadora, al tópico, la autocomplacencia, la repetición y, en definitiva, a todo aquello que ella sugiere en su juego, pero que nunca realizará, o dicho de otro modo, a provocar en otra persona aquello que la naturaleza le ha incapacitado de cumplir. Es, efectivamente y en esencia, una voyeur”.

PARADIGMA Nº2

Anverso       

Reverso

Este papel fue encontrado en 1986, debajo de un servilletero del bar Els Tres Tombs, enfrente del Mercat de Sant Antoni de Barcelona. Su carácter irresistiblemente hermético (realmente se ha conseguido escribir letras y números reconocibles pero indescifrables en su interrelación) ha requerido tiempo y esfuerzo como ningún otro paradigma de nuestro archivo. El único dato disponible sobre su presunto autor es que, al menos, el último en ocupar el asiento donde fue hallado el papel era un hombre cejijunto, con el suéter lleno de migas de pan y una mancha de nacimiento en la mejilla derecha.

Tenemos por una parte el anverso, con un texto en letra muy pequeña y en apariencia desordenada, o al menos esa es la primera impresión, si bien a medida que vamos acostumbrando la vista a la caligrafía, nos damos cuenta rápidamente que el texto está escrito sin perder la horizontalidad ni el espacio constituido entre líneas; es más, descubrimos que el texto está excepcionalmente encuadrado de acuerdo con las dimensiones del soporte (hasta el punto en que la línea nº 7 se sienta exactamente en el pliegue horizontal del papel, conformando su mitad exacta- 6 líneas +1+6-). La falta de espacio entre palabras no hace más que acrecentar esta sensación de simetría.

Pero ¿Por qué tenemos sin embargo la impresión de que el texto se nos resiste, que actúa en nuestra contra? Sin duda, por la caligrafía, angulosa y de ligaduras anormales como diría un grafólogo, y por supuesto, el hecho de no poder entender lo que allí se ha escrito. Según el profesor Ramón Sergas:

“Se conoce por ‘epicentro de desorden’ aquel factor de resistencia que, al no poder ser franqueado en una primera sucesión habitual de aproximaciones, se convierte así en un elemento de discordia entre ambos sujetos en jaque, emisor y receptor, influyendo negativamente en el resto de elementos constitutivos y enmarañando incluso el código interpretativo a respetar”. En efecto, el orden compositivo extremo en el que este texto ha sido configurado contrasta formidablemente con su ininteligibilidad.

Es incierto no obstante que todo el texto sea totalmente incomprensible, pues se podrá apreciar que en las líneas 1, 5/6 y 9 aparece el nombre “Jesus Jimenez Romero”.

Pero entremos en materia: al nombre, en dos ocasiones (líneas 1y 9) le sigue inmediatamente una palabra que podría leerse como “taldgokyakus(…)”.

Líneas 1,2 y 3

Línea 8

Asimismo, apreciamos otro modelo sucesivo, integrado por un grupo de letras, que podríamos transcribir como “mawashte(i)sok(u)(…)k­(e)age”, al principio de las líneas 3 y 8, y al final de la 11, seguida por otro grupo de palabras que encontraremos ocupando dos líneas idénticas como son la 9 y la 13, que preceden al inicio del siguiente bucle “Jesus…” (Sin acentuar). Esto nos lleva a la certeza de que el discurso del texto es más breve y aparece aquí repetido, y con una linealidad remarcable, creando así una especie de cenefa, pues de este modo el autor ha conseguido encuadrar su discurso en este soporte hostil, repitiéndolo en tres bucles, hasta hacer coincidir el final del tercer bucle con el final del soporte. Extraordinario.

Es obligado plantearse la posibilidad de que el texto esté escrito en un idioma diferente al castellano. En ese caso deberíamos concentrarnos en idiomas escritos con grafía latina, sin acentuación y con gran profusión de “k” y “y”, tal y como apreciamos en el texto. Tras un detallado repaso, la conclusión a la que han llegado nuestros expertos es que lo más parecido podría ser el finlandés, si bien no es correcto que no se acentúe, pues abundan las diéresis. La evidente dificultad de transcribir adecuadamente el texto nos impide afirmarlo. Una lástima, pues… ¡Llegaríamos a traducirlo!

¿Y el reverso? ¡Qué se puede decir del reverso! Si la telaraña del anverso nos inmovilizaba con letras y palabras incomprensibles, ¿qué se puede hacer con este mar de números? Otra vez, el “epicentro de desorden” nos tiene tendida una trampa, fácilmente franqueable no obstante, pues curiosamente, el propio autor ha delimitado el espacio con rayas fronterizas entre números de naturaleza diversa. Si bien es cierto que en las zonas 1 y 2 reina el caos, también podemos constatar que en la zona 4 se ha trascrito tres líneas de sucesiones de números correlativos.

Igualmente podemos afirmar que los números de la zona 5 revelan cantidades, seguramente precios.

Salta a la vista, no obstante, la singularización de los números, pues a excepción de la zona 5, es difícil concretar si, al menos algunos, forman decimales o centesimales. Y a pesar del caos de la zona 1 y 2, se podrá apreciar como aquí y allá van surgiendo varios grupos del tipo 0-1-2-3-4, como los primeros de la zona 1, (nótese a modo de curiosidad, que incluso en la frontera entre las zonas 4 y 5, y en vertical descendente, nos encontramos con otra sucesión 1-2-3-4). Asimismo, advertimos un interesante motivo: en el margen superior derecha de la zona 2 y en el recuadro central nº 2, en forma de c invertida, nos encontramos con la misma cifra tachada, 315, y en la misma situación vertical ascendente.

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